viernes, 16 de mayo de 2014

CUESTIONARIO PELÍCULA FARENHEIT 451





1. ¿Por qué crees que en esta sociedad del futuro está prohibido leer libros? ¿Pueden los libros ser peligrosos para la sociedad o para el poder?

- Para evitar que la gente leyera libros.
- Si por que no habría comunicación.

2. ¿Qué opinas de la justificación que da a Montag su jefe de bomberos sobre el hecho de quemar libros? ¿Crees que los libros producen confusión, inquietud, dudas e infelicidad en quien los lee?

- Que esta mal hecho, los libros dan ideas y conocimiento.
- No.

3. ¿Conoces algún ejemplo de sociedad en la que los libros hayan sido quemados o prohibidos? ¿Crees que estaba justificado?

- No, no conozco ninguna sociedad donde 


4. ¿Por qué es tan importante la televisión en esta sociedad del futuro? ¿Ves alguna relación con nuestra sociedad actual? Compara el impacto social que tienen las imágenes de la televisión y el de las palabras de los libros.

- La televisión tenia controlada a la gente, les impedía pensar, les había quitado toda habilidad de razonar. 
- No tiene nada que ver con la vida actual.

5. ¿Por qué crees que Montag comienza a leer libros? ¿Y por qué sigue leyéndolos, aunque sabe que está prohibido y que ello preocupa mucho a su mujer?

- Por que conoció a Clarisse McClellan una mujer que tenia otra visión con el mundo y le comió la cabeza.
- Para saber las historias de los libros.
- Si le preocupa mucho a su mujer.

6. ¿Por qué toma tantas pastillas la mujer de Montag? ¿Ves algún paralelismo con nuestra sociedad actual?


7. ¿Qué opinas de la actitud de la vieja profesora cuando descubren su gran biblioteca? ¿Te parece valiente o cobarde su decisión?

- Valiente por proteger los libros de su propiedad.

8. La escena de la persecución y muerte de Montag (o de su doble) es retransmitida a todas las televisiones en directo. ¿Qué piensas de esto? ¿Te recuerda alguna situación que hayas vivido tú en tu sociedad?

- Si son transmitidas a todas las televisiones pero es un montaje falso, por que no muere.
- No.


9. ¿Qué piensas de los hombres-libro? ¿Te parece que la película tiene un mensaje final positivo o negativo? ¿Por qué?

- Que hacen mal por que es importante leer para tener conocimiento, ideas y cultura.
- Positivo por que encuentra un lugar de sociedad donde todos leen libros y los memorizan.

miércoles, 14 de mayo de 2014

MASONERÍA.


Masonería o francmasonería, del francés francmaçonnerie, es una organización de caracter secreto que reúne a individuos agrupados en entidades conocidas como logias bajo un precepto de fraternidad. La institución se autodefine como filantrópica, filosófica, simbólica y no religiosa, de propiedad iniciática y con la finalidad de impulsar el progreso moral e intelectual de las personas.
MasoneríaLas logias de la masonería actúan como organizaciones de base y suelen estar agrupadas bajo una entidad superior, conocida como Gran Logia. Cada logia dispone de signos y emblemas que la identifican.
Se cree que la masonería surgió en el continente europeo a finales del siglo XVII. Su objetivo es formar a sus miembros para el desarrollo de la capacidad reflexiva y de diálogo, impulsando a estos miembros a que transmitan los valores adquiridos entre aquellos que lo rodean.

El origen, las actividades y la organización de la masonería suelen ser objeto de debate ya que, por el carácter secreto de la asociación, es difícil acceder a información contrastada y oficial. Por lo general se distingue entre dos corrientes de la masonería: la masonería regular (que sigue ciertas reglas tradicionales) y la masonería liberal o adogmática (que no está basada en un estándar regular ya establecido).
La primera de las citadas corrientes masónicas, la regular, es aquella que parte de las siguientes creencias: hay un solo Dios o Ser Supremo, no se admite la inclusión de las mujeres en este tipo de logias, los juramentos se tienen que llevar a cabo sobre una Biblia o libro sagrado, y están prohibidas las discusiones que giran entorno a la religión o a la política.
La segunda corriente, la masonería adogmática, se sustenta en el hecho de que reconoce y acepta el papel y la presencia de las mujeres en sus logias, existe el principio de libertad absoluta de conciencia de cada uno de sus miembros, y está totalmente permitida la participación social y el debate de todo tipo de cuestiones, incluidas la política y la religión.
Los masones se dividen en tres grados diferentes: aprendices (el grado elemental, formado por quienes se inician), compañeros (el segundo grado, con el masón dedicado al aprendizaje) y maestros (el grado número tres, que implica una mayor participación en todas las dimensiones de la masonería).
En los últimos años gracias al mundo de la Literatura se ha despertado un gran interés por el mundo de los masones. En concreto se ha conseguido gracias a dos libros de Dan Brown que han sido también llevados a la gran pantalla con un enorme éxito en todo el mundo.
El primero de esos trabajos es la novela “El Código Da Vinci” que toma como punto de partida el asesinato de un conservador del Museo del Louvre llamado Jacques Sauniere. Su nieta Sophie y el profesor de simbología Robert Langdon serán los que inicien una investigación paralela a la oficial para intentar descubrir qué se esconde detrás de esa muerte pues todo parece indicar que el fallecido era el Gran Maestre de una logia que protegía un secreto que pone en peligro al Cristianismo.
La segunda novela es “Ángeles y Demonios” y en ella el citado profesor se enfrentará a otra logia importante de la historia: los Illuminati.
Entre los masones más famosos de la historia, se encuentran Napoleón BonaparteWinston ChurchillSimón Bolívar y Abraham Lincoln.



martes, 13 de mayo de 2014

TEMPLARIOS.

La orden de los Templarios
Orden militar fundada a principios del siglo XII por Hugo de Payens y Godofredo de Saint-Omer, con otros siete caballeros franceses, con el fin de amparar y socorrer a los peregrinos que acudían a visitar los Santos Lugares, la mayor parte de los cuales corría el peligro de caer en manos de ladrones y sarracenos. Con el título de “pobres soldados de Jesucristo” profesaron ante el patriarca de Jerusalén en 1118, haciendo votos de pobreza, castidad, obediencia y se comprometieron a defender a los peregrinos y asegurar el transito por los caminos que llevaban a Tierra Santa.
El fundador y maestro Hugo de Payens visitó Francia, Inglaterra, Portugal, Castilla, Aragón, Cataluña y otros reinos, en todos ellos recibió una gran acogida. A su finalidad primitiva se unió la de la lucha contra el infiel, y esto les llevó a tomar parte en las cruzadas y en las guerras contra los reinos musulmanes de la península Ibérica siendo su papel muy relevante en la conquista cristiana de nuestras tierras.

Actuación de las órdenes militares en la Corona de Aragón
En la Corona de Aragón las ordenes militares, no solo la orden Templaria sino también la del Hospital, Calatrava, San Jaime y San Jordi y el Santo Sepulcro, tuvieron una actuación decisiva en las fronteras de la conquista cristiana en los siglos XII y XIII. Constituyeron un conjunto de ejércitos en pie de guerra permanentemente, únicos por su solidaridad y cohesión, por su desinterés y por su “espíritu”. Sus múltiples posesiones les proporcionaron un notable capital para la guerra y la colonización de la frontera. Poseían organización, experiencia, habilidad y autonomía prácticamente total. Por encima de todo combinaban en una sola vocación los dos entusiasmos de esta época valerosa: el heroísmo del monasterioy el heroísmo de la guerra.

Los Templarios brazos de hierro para los reyes de Aragón
Los caballeros del Temple lucharon valerosamente junto a los reyes de la corona de Aragón y hacia mediados del siglo XII ya estaban sólidamente establecidos en sus territorios. Desde esta época son numerosos los privilegios y donaciones de casi todos los reyes siendo la más importante la de Alfonso I, el Batallador, que les hizo herederos con los Hospitalarios y los caballeros del Santo Sepulcro de sus reinos de Aragón y Navarra, aunque, a su muerte, no fue aceptado el testamento. Ramón Berenguer IV les concedió diversos castillos, villas, rentas y exención de tributos y otros privilegios. Los caballeros Templarios sirvieron, también, a Alfonso II y Pedro II. Con este último comenzó su actuación en tierras valencianas, hacia 1210, prestando gran ayuda en la conquista de los castillos de Ademúz, Castielfabib y Sertella.

Jaime I y los Templarios
Su papel en el reinado de Jaime I fue fundamental. Siendo aún un niño necesitó un protector, cuando prematuramente murió su padre Pedro II, el Papa Inocencio III eligió en 1214 al maestro del Temple en Aragón Guillen de Montredón como su tutor hasta su mayoría de edad. Desde este primer momento y durante toda su vida los Templarios fueron sus consejeros fieles, asesores y compañeros de armas, acompañando a Jaime en la conquista tanto de Mallorca como del Reino de Valencia. Los contingentes de Templarios y Hospitalarios fueron los auténticos brazos armados del conquistador que en compensación por su ayuda fueron heredados rica y ampliamente.

Posesiones de los Templarios en la Comunidad Valenciana 
Su ayuda en la conquista del Reino de Valencia fue ampliamente recompensada. Con el rey Alfonso en 1169 comenzaron las predonaciones al Temple que incluían los castillos y villas de Oropesa y Chivert. En 1211 del rey Pedro recibieron los pueblos y la torre de Ruzafa, el pueblo de Cantavella y el castillo y término de Culla.
Pero fue con Jaime I cuando sus posesiones se incrementaron enormemente, les concedió el castillo de Pulpis (1227), Chivert (1233), los pueblos de Mantella y Benahamet y en el mismo año un tercio de la ciudad de Burriana.
En 1237 el pueblo de Seca y la mitad de las dársenas de Denia, los pueblos fortificados de Moncada y Carpesa, un sector de la villa de Liria.

Peñíscola que había sido prometida a los Templarios tiempo atrás fue concedida en 1294 junto con Albocacer, Ares, Benicarló, Cuevas de Vinromá, Serratella, Tirig, la torres de los Domeges, Villanueva de Alcolea, Vinaroz y muchas oras posesiones menores.
En la ciudad de Valencia recibieron la torre central de la defensa con un largo sector de la muralla y la barbacana, también unas calles de la ciudad en la parroquia de San Esteve, con cincuenta casas. Había, así mismo, tierras incluidas en esta donación.
Además recibieron los Templarios numerosas posesiones a través de legados y testamentos de particulares.
El castillo de Peñíscola y la presencia de los enigmáticos templarios
El castillo de Peñíscola pasó a manos de los Templarios en 1294, maestros en el arte de la fortificación, comenzaron a sentar fábrica de un nuevo castillo sobre el árabe. Construyeron la admirable obra, híbrida de castillo, cenobio y palacio entre 1294 y 1307, análoga a las fortificaciones que los cruzados levantaron en Siria y Palestina.
Algunas hipótesis indican la atracción e interés de los templarios por Peñíscola, dado el supuesto sustrato espiritual de la zona ya que los Templarios cultivaban niveles superiores de percepción e incluso aplicaban sus principios en las construcciones. Se dice, así mismo, que los caballeros de la orden conocían o intuían la realidad paranormal de algunos lugares, levantando sus fortalezas conteniendo desde su misma planta una especie de elementos estructurales coincidentes con toda una manifestación numerológica mágica.

Los Templarios y el espíritu de la cruzada
Los Templarios se habían extendido ampliamente por el nuevo reino y habían echado raíces profundas. Su túnica blanca con la cruz roja se podía ver en la capital, en el campo y en la frontera meridional. En tiempo de paz eran una garantía de seguridad; en tiempo de peligro estaban entre las primeras tropas en pie de guerra.
En su vida monástica diaria y en su ministerio eran un símbolo y un ejemplo para los emigrantes cristianos en Valencia.
En su experiencia de guerreros y en sus proyectos de poblamiento representaban la persistencia del espíritu original de la cruzada.
En Valencia sus tradiciones caballerescas no se van a empañar durante entre siglo (XIII). “Más puros en ideales y menos ambiciosos” que los caballeros religiosos de otras regiones, aquí su influencia era debida no a su habilidad política sino al excelente espíritu militar de sus guerreros.

El final de la orden
La orden del Temple consiguió tal poder, riquezas e influencia que empezó a ser temida por los reyes. A finales del siglo XIII surgieron acusaciones acerca de su falta de caridad, su ineficacia y su afán de poder.
El rey de Francia Felipe el Hermoso desató contra la Orden una gran persecución en 1307. Montó contra el Temple un cruel proceso lleno de falsedades hasta conseguir la condena de la Orden.
Los Papas en Avignon, prisioneros del rey francés se vieron coaccionados y pidieron a los demás soberanos de Europa que procedieran contra los Templarios, en especial Clemente V. La persecución que se estaba produciendo en Francia provocó indignación en la Corona de Aragón.
Jaime II en un primer momento defendió a la Orden, después pidió a la Inquisición que abriera un proceso contra ellos. La minuciosa investigación reconoció su inocencia en 1312, pero el rey ordenó que se dispersaran como tales templarios.
Se sustituyó esta orden por la de Montesa con las propiedades del Temple y el Hospital.



viernes, 9 de mayo de 2014

SAN VICENTE FERRER.


Vicente Ferrer nació en Valencia el 23 de enero de 1350. Fueron sus padres Guillermo Ferrer, notario público, y Constancia Miguel, personas virtuosas y distinguidas en la caridad con los pobres. Tuvieron tres hijas y tres hijos.  Los padres le inculcaron desde muy pequeño una fervorosa devoción hacia Jesucristo y a la Virgen María y un gran amor por los pobres. Lo encargaron  repartir las cuantiosas limosnas que la familia acostumbraba a dar.  Le enseñaron también a hacer una mortificación cada viernes en recuerdo de la Pasión de Cristo, y cada sábado en honor de la Virgen Santísima. Estas costumbres las ejercitó durante toda su vida

A los  siete años recibió la tonsura clerical. A los once era Beneficiado de la parroquia de Santo Tomás. Y a los diecisiete, ya postulante dominico. Tenía tanta calma como ardor. Tanta pasión como razón. Y todo, dominado por el amor de Dios. 

Durante su juventud el demonio lo asaltó con violentas tentaciones y, además, como era bien parecido, varias mujeres de dudosa conducta se enamoraron de él y como no  hizo caso a sus zalamerías, le inventaron terribles calumnias contra su buena fama. Todo esto lo fue haciendo fuerte para soportar las pruebas que le iban a llegar después.

En 1370, a los veinte años, Vicente Ferrer se incorporó a la Orden de Santo Domingo. Era un joven de inteligencia prodigiosa, viva imaginación e ingenio penetrante.

Siendo un simple diácono lo mandaron a predicar a Barcelona. La ciudad estaba pasando por un período de hambre y los barcos portadores de alimentos no llegaban. Entonces Vicente anunció en un sermón que  esa misma noche llegarían los barcos con los alimentos tan deseados. Al volver a su convento, el superior lo regañó por dedicarse a hacer profecías de cosas que él no podía estar seguro de que iban a suceder. Pero esa noche llegaron los barcos, y al día siguiente el pueblo se dirigió hacia el convento a aclamar a Vicente, el predicador. Los superiores tuvieron que trasladarlo a otra ciudad para evitar desórdenes.

Para formar a un dominico eran necesarios quince años de estudios. Estudió dos años Lógica en Barcelona. Y enseñó en Lérida otros dos años la misma materia. Luego volvió a Barcelona para estudiar cuatro cursos de Teología. Después, en Touluose, hizo un curso  especial de Teología, que le abrió a  la corrientes teológicas del momento.  A los veintiocho años recibió, con calificación "Summa cum Laude", el doctorado en Teología y se dedicó a la enseñanza de la ciencia sagrada durante ocho años en las universidades de Valencia, Barcelona y Lérida.

Volvió a Valencia cuando tenía veintinueve años y fue ordenado sacerdote. Elegido prior de su convento, tuvo que renunciar a los pocos meses, porque su comunidad estaba dividida, como toda la Iglesia, a causa del Cisma de Occidente. Durante cuarenta años luchará por la unidad de la Iglesia, dividida  por el cisma "lamentable y doloroso", división que le hizo sufrir mucho. 

San Vicente Ferrer reconoció primero al Papa de Avignón (el Papa Luna), de quien fue confesor y ante quien rechazó el nombramiento de obispo. Posteriormente, viendo el escaso interés de dicho Papa para solucionar el Cisma de Occidente, le abandonó y recorrió diversas regiones aconsejando a príncipes y logrando que retirasen su obediencia a los Papas aviñonenses, por el bien de la Iglesia. En este propósito coincidió al final con Catalina de Siena.

Vicente estaba muy angustiado porque la Iglesia Católica estaba dividida entre dos Papas y había muchísima desunión. De tanto afán se enfermó y estuvo a punto de morir. Pero una noche se le apareció Nuestro Señor Jesucristo, acompañado de San Francisco y Santo Domingo de Guzmán y le dio la orden de dedicarse a predicar por ciudades, pueblos, campos y países. Y Vicente recuperó inmediatamente la salud. En adelante, Vicente recorrerá el norte de España, y el sur de Francia, el norte de Italia, y el país de Suiza, predicando incansablemente, con enormes frutos espirituales.

Así, Vicente Ferrer se siente llamado por Cristo a evangelizar Europa. A partir de ese momento recorre comarcas de España, Alemania, Francia, Bélgica, Holanda, Italia e Inglaterra, predicando en plazas, caminos y campos.

Los primeros convertidos fueron judíos y moros. Dicen que convirtió más de 10,000 judíos y otros tantos musulmanes o moros en España. 

Las multitudes se apiñaban para escucharle, donde quiera que él llegaba. Tenía que predicar en campos abiertos porque las gentes no cabían en los templos. Su voz sonora, poderosa y llena de agradables matices y modulaciones y su pronunciación sumamente cuidadosa, permitían oírle y entenderle a bastante distancia.

Sus sermones duraban casi siempre más de dos horas (un sermón suyo de las Siete Palabras en un Viernes Santo duró seis horas), pero los oyentes no se cansaban ni se aburrían porque sabía hablar con tal emoción y de temas tan propios para esas gentes, y con frases tan propias de la  Biblia, que a cada uno le parecía que el sermón había sido compuesto para él mismo en persona.

Antes de predicar rezaba durante cinco o más horas  para pedir a Dios la eficacia de la palabra, y conseguir que sus oyentes se transformaran al oírle. Dormía en el  suelo, ayunaba frecuentemente y se trasladaba a pie de una ciudad a otra (los últimos años se enfermó de una pierna y se trasladaba cabalgando en un burrito).

En aquel tiempo había predicadores que lo que buscaban era agradar a los oídos y componían sermones rimbombantes que no convertían a nadie. En cambio, a San Vicente lo que le interesaba no era lucirse sino convertir a los pecadores. Y su predicación conmovía hasta a los más fríos e indiferentes. Su poderosa voz llegaba hasta lo más profundo del alma. En pleno sermón se oían gritos de pecadores pidiendo perdón a Dios, y a cada rato caían personas desmayadas de tanta emoción. Gentes que siempre se habían odiado, hacían las paces y se abrazaban. Pecadores endurecidos en sus vicios pedían confesores. El santo tenía que llevar consigo una gran cantidad de sacerdotes para que confesaran a los penitentes arrepentidos. Hasta 15,000 personas se reunían en los campos abiertos, para oírle.

Después de sus predicaciones lo seguían dos grandes procesiones: una de hombres convertidos, rezando y llorando, alrededor de una imagen de Cristo Crucificado; y otra de mujeres alabando a Dios, alrededor de una imagen de la Santísima Virgen. Estos dos grupos lo acompañaban hasta el próximo pueblo a donde el santo iba a predicar, y allí le ayudaban a organizar aquella misión y con su buen ejemplo conmovían a los demás.

Como la gente se lanzaba hacia él para tocarlo y quitarle pedacitos de su hábito para llevarlos como reliquias, tenía que pasar por entre las multitudes, rodeado de un grupo de hombres encerrándolo y protegiéndolo entre maderos y tablas. El santo pasaba saludando a todos con su sonrisa franca y su mirada penetrante que llegaba hasta el alma.

Las gentes se quedaban admiradas al ver que después de sus predicaciones se disminuían enormemente las borracheras y la costumbre de hablar de cosas malas, y las mujeres dejaban ciertas modas escandalosas o adornos que demostraban demasiada vanidad. Y hay un dato curioso: siendo tan fuerte su modo de predicar y atacando tan duramente al pecado y al vicio, sin embargo las muchedumbres le escuchaban con gusto porque notaban el gran provecho que obtenían al oírle sus sermones.

Vicente fustigaba sin miedo las malas costumbres, que son la causa de tantos males. Invitaba incesantemente a recibir los santos sacramentos de la confesión y de la comunión. Hablaba de la sublimidad de la Santa Misa. Insistía en la grave obligación de cumplir el mandamiento de Santificar las fiestas. Insistía en la gravedad del pecado, en la proximidad de la muerte, en la severidad del Juicio de Dios, y del cielo y del infierno que nos esperan. Y lo hacía con tanta emoción que frecuentemente tenía que suspender por varios minutos su sermón porque el griterío del pueblo pidiendo perdón a Dios, era inmenso.

Pero el tema en que más insistía este santo predicador era el Juicio de Dios que espera a todo pecador. La gente lo llamaba "El ángel del Apocalipsis", porque continuamente recordaba a las gentes lo que el libro del Apocalipsis enseña acerca del Juicio Final que nos espera a todos. El repetía sin cansarse aquel aviso de Jesús: "He aquí que vengo, y traigo conmigo mi salario. Y le daré a cada uno según hayan sido sus obras" (Apocalipsis 22,12). Hasta los más empecatados y alejados de la religión se conmovían al oírle anunciar el Juicio Final, donde "Los que han hecho el bien, irán a la gloria eterna y los que se decidieron a hacer el mal, irán a la eterna condenación" (San Juan 5, 29).

Los milagros acompañaron a San Vicente en toda su predicación. Y uno de ellos era el hacerse entender en otros idiomas, siendo que él solamente hablaba el español, el valenciano y el latín. Y sucedía frecuentemente que las gentes de otros países le entendían perfectamente como si les estuviera hablando en su propio idioma. Era como la repetición del milagro que sucedió en Jerusalén el día de Pentecostés.

San Vicente se mantuvo humilde a pesar de la enorme fama y de la gran popularidad que le acompañaban, y de las muchas alabanzas que le daban en todas partes. Decía que su vida no había sido sino una cadena interminable de pecados. Repetía: "Mi cuerpo y mi alma no son sino una pura llaga de pecados. Todo en mí tiene la fetidez de mis culpas". Así son los santos. Grandes ante la gente de la tierra pero se sienten muy pequeñitos ante la presencia de Dios que todo lo sabe.

Los últimos años, ya lleno de enfermedades, lo tenían que ayudar a subir al sitio donde iba a predicar. Pero apenas empezaba la predicación se transformaba, se le olvidaban sus enfermedades y predicaba con el fervor y la emoción de sus primeros años. Era como un milagro. Durante el sermón no parecía viejo ni enfermo sino lleno de juventud y de entusiasmo.

El santo regalaba a las señoras que peleaban mucho con su marido, un frasquito con agua bendita y les recomendaba: "Cuando su esposo empiece a insultarle, échese un poco de esta agua a la boca y no se la pase mientras el otro no deje de ofenderla". Y esta famosa "agua de Fray Vicente" producía efectos maravillosos porque como la mujer no le podía contestar al marido, no había peleas. 

 San Vicente intervino en el Compromiso de Calpe y declaró rey de Aragón a Fernando de Antequera, frente al Conde de Urgel.

En su vida ajetreada supo sacar tiempo y serenidad para escribir. En su obra "Tratado de Vida Espiritual" se manifiesta como Maestro de Santidad. En  él aconseja oración, silencio, pureza,  obediencia, humildad, comprensión de los defectos ajenos, que hay que llevar a la espalda, para no fijarse en ellos, y tener presente los propios, así como también conocimiento de sí mismo, valor en las tentaciones, penitencia, paciencia en las pruebas y perseverancia en la oración.

Todos los días San Vicente Ferrer cantaba misa y predicaba durante dos o tres horas. Para  él predicar es sembrar, derramar la vida, porque la vida se conserva  por la semilla. Es sembrar en las conciencias el grano del Evangelio. Fruto de ese trabajo paciente eran sus sermones, que llenaban de entusiasmo a las multitudes, en los que hay claridad, profundidad y riqueza de imágenes. En estos sermones se aprecia su gusto por la magnificencia, la música, la pintura, las flores y las misas bellas y solemnes.

El Espíritu Santo enriqueció a San Vicente Ferrer con carismas proféticos de evangelizador,  taumaturgo, pastor de almas y constructor de la paz. En nuestra Comunidad Valenciana se conoce bien la historia legendaria de sus  abundantes milagros que le envuelven u le mitifican, incluso antes de nacer.

San Vicente Ferrer murió en la ciudad de Vannes (Francia) el 5 de abril de 1419, Miércoles de Ceniza,  a la edad de 69 años. Fueron tantos sus milagros y tan grande su fama, que fue declarado santo a los 36 años después de haber muerto (el 29 de Junio de 1455) por Calixto III, a quien San Vicente le había profetizado "Serás Papa y me canonizarás".